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Karma Guen, el origen del budismo en Málaga
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Karma Guen, el origen del budismo en Málaga

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Budismo en Málaga – La provincia andaluza cuenta con una aldea dedicada a la religión que triunfa en el Este asiático, y dos estupas únicas en el mundo occidental.

Karma Guen, el origen del budismo en Málaga

Málaga y tradición son dos conceptos que van de la mano. A la provincia se la conoce como lugar acogedor, y a sus locales se les califica de gente ‘abierta’, pero también muy arraigada a sus propias costumbres. Entre ellas destacan los eventos religiosos.

El cristianismo es la religión que marca citas anuales ineludibles y por las que la Costa del Sol cuenta con una fama aún más poderosa. Sin embargo, en su interior, la zona del Sur esconde un rincón que nada tiene que ver con las enseñanzas impartidas en las escuelas de todo su territorio. Un lugar que dista con creces del concepto tradicional…

El nombre de este ‘oasis’ espiritual es Karma Guen, que se traduce como ‘el lugar donde viven los protectores’, y hace honor a un espacio geográfico muy alejado del entorno malagueño, ubicado en el Tíbet, y conocido como el punto original del budismo de Linaje Karma Kagyu, una de las cuatro escuelas principales del budismo tibetano.

Karma Guen, el origen del budismo en Málaga

Transformación: de aldea abandonada a centro budista de referencia

Antes de ser adquirida por su fundador, Pedro Gómez, español de 71 años natural de Salamanca, Karma Guen no era más que “una aldea en ruinas” en la que vivían los escasos miembros de una familia y el dueño del terreno, un señor mayor.

En un principio, el salmantino compró el terreno para trasladarse y afincarse en el Sur de España, tras largos años de trabajo y compromisos en Dinamarca.

Fue en el año 87 cuando las más de 100 hectáreas, situadas en la pedanía del Trapiche del municipio de Vélez-Málaga, dieron un giro de 360 grados y pasaron de ser un campo “seco” y prácticamente abandonado, a convertirse en un importante centro budista, fuente además de muchos otros centros que con el tiempo, han surgido en distintos puntos de España.

Por aquel entonces, cuenta Gómez, “aún no había libertad de religión en España”, por lo que la idea de construir un centro budista, fue, durante años, un reto no cien por cien oculto, pero sí un tanto maquillado. “Empecé a decir que esto era un lugar para preservar la cultura tibetana”, frase que analizada, tampoco atiende a ninguna falsedad.

Karma Guen, el origen del budismo en Málaga

¿Qué es Karma Guen?

Karma Guen puede definirse, según Gómez (y cualquier visitante que lo haya experimentado en primera persona), como el “pueblo budista malagueño”, al que acuden anualmente unas 10.000 personas para obtener información sobre budismo y adentrarse en la técnica de la meditación.

Llegar hasta la zona donde se ubica, junto al conjunto de casas de Aldea Alta donde yace más de una veintena de hogares en los que habitan exclusivamente budistas, no es tarea fácil. Para acceder hasta el espacio es necesario ascender unos 5 kilómetros hacia la cima de una montaña, desde donde la vista descansa entre destellos de luz, paz, y un silencio roto por el relajante sonido de la naturaleza.

Como centro del budismo en Málaga real y completo, Karma Guen se compone de una centro de retiro, donde es posible aprender a fondo el concepto de meditación y hacer retiros de diferentes temporalidades; una sala de meditación de gran tamaño, desde la que se pueden ver y apreciar distintos componentes de la cultura tibetana y la tradición budista a través de los siglos, así como conocer la vida de Buda; salas independientes para meditar; un centro de investigación, donde se investiga cómo funciona la meditación en el cerebro; una biblioteca; un centro de traducción de textos; un estudio de pintura; y una estupa, conocida como la Estupa de Kalachakra, que es la primera de sus características que se construyó fuera del continente asiático.

La Estupa de Kalachakra, el rincón de Málaga para liberar la mente

Además, desde IEVENN ha sido posible acceder a un museo aún no abierto al público, en el que se explica la historia del budismo a través de los 2.500 últimos años, y en el que se pueden distinguir numerosas figuras y piezas artísticas que son todo un emblema de la religión budista.

Por su parte, se prevé que para finales del año 2020, se inaugure un cementerio budista en la zona, con el fin de esparcir cenizas de difuntos de forma controlada.

Los pasos para construir Karma Guen fueron lentos pero firmes. Su creador iba “poco a poco”, y sabía lo que hacía. Y es que Pedro Gómez es un tanto singular. Un personaje especial en el buen sentido de la palabra. De aquellos que protagonizan historias de libros que pueden marcar la Historia.

Karma Guen, el origen del budismo en Málaga

Un recorrido atípico: De fraile a budista

Gómez fue fraile agustino antes que budista, por lo que durante gran parte de su infancia y adolescencia, estuvo rigurosamente marcado por las exigencias de la religión cristiana en su época más estricta. “¿Recuerdas la novela ‘El nombre de la rosa’?”, pregunta mientras exhala ya liberado de preocupaciones el humo de su segundo cigarrillo. “Eso de tenerse que flagelar en público, el cilicio…, pues todo exactamente igual”. “Fueron años mentalmente muy duros”, asevera.

Sin embargo, formar parte de la Iglesia católica es algo que, según Gómez, también tuvo su parte positiva. “A mí, el monasterio me salvó, porque si no, no sé qué hubiera sido…”, explica.

“A mí, el monasterio me salvó, porque si no, no sé qué hubiera sido…”

Entró en el claustro con apenas diez años fruto de una decisión que hizo casi sin pensar. “Yo lo que quería era ser torero”, explica el antiguo fraile. “Un padre agustino vino a la escuela a preguntar qué queríamos ser de mayor. Iba mencionando profesión por profesión, y cuando mencionó la de cura, levanté la mano. No sé por qué lo hice, porque yo no era precisamente el mejor ejemplo del pueblo…” sostiene Gómez.

Tras el impulsivo gesto, llegaron una serie de pruebas y un test de inteligencia que le convirtieron en el nuevo miembro del monasterio, para bien o para mal. “Por aquel entonces era una gran oportunidad ir al monasterio. Yo venía de una familia muy humilde, fuimos 14 hijos en total”, explica Gómez.

Corría el año 69, en plena época franquista, cuando comenzaron los problemas serios para Gómez. Tras hacer el noviciado y aceptar los votos de monje (castidad, obediencia y pobreza), los estudios de filosofía y teología le otorgaron a Gómez un poder de razonamiento que para su época, iba mucho más allá de lo normal, lo establecido o lo permitido. “Tenías que creer por creer. No te daban el margen de analizar y pensar. La fe es ciega. Así era”, sostiene el ex fraile.

Pero por más que leía, más contradicciones encontraban en el texto sagrado. “No era revolucionario. Solo me di cuenta de que lo que leía no tenía sentido”. Esa sensación unida a las exigencias extremas de la época que le impedían incluso mirar a una mujer a los ojos a la hora de entablar una conversación, acabaron con la paciencia de Gómez, lo que le impulsó a pedir la dispensa que, tras meses de lucha, fue raramente concedida por el Papa Pablo VI.

Al abandonar el monasterio, los tiempos se volvieron más que complicados debido a la época y a la situación en la que se encontraba, pero la vida no era solo eso. Lo que para Gómez con 21 años eran rincones desconocidos repartidos por el mundo, le tenían preparado un sinfín de aventuras…

Después de un tiempo deambulando por Europa, Gómez llegó a Copenhague (Dinamarca). Es allí donde encuentra el amor, donde aprende el oficio de camarero y donde monta casi una decena de restaurantes que le llevan hasta la pura cima del éxito laboral.

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El poder de un libro

La religión para Gómez era algo que había quedado muy atrás.

Cantaba por la calle liberado de lo que vivió como una esclavitud, tenía dinero, amaba a su mujer y a su hijo Peter…Algo que no parece haber cambiado mucho desde entonces.

Y con todo en calma, de nuevo la vida le retaba a un cambio. Pero esta vez, en el camino, Gómez tan solo fue capaz de encontrar luz y serenidad. Quien por un entonces fue fraile agustino de la dictadura franquista, se topó con lo que describe como la liberación total del sufrimiento. El budismo apareció en la vida de Gómez por la más pura casualidad.

El responsable de que la religión que triunfa en la zona Este del continente asiático y Gómez se encontraran, fue un camarero de su restaurante, catalán, no demasiado viejo y “casi analfabeto”.

Gómez animaba a su empleado a aprender a leer y a escribir mientras llegaban los clientes, y este seguía con inquietud sus útiles enseñanzas.

Un día, para demostrarle a Gómez su avance en la lectura, el camarero le ofreció un libro: “Es increíble, tienes que leerlo”, le dijo el empleado. A lo que Gómez respondió aceptando la propuesta “simplemente por amabilidad”. Y desde la primera página hasta hoy. “El libro era malísimo, pero eso fue lo que me atrajo de él”, explica Gómez.

‘El tercer ojo’, que habla sobre budismo tibetano, despertó en Gómez sensaciones nunca antes vividas, incitándole entre líneas, a experimentar la técnica de la meditación.

Investigó sobre la religión hasta entonces desconocida y sus métodos, y jugó con la libertad que esta le brindaba.

Karma Guen, el origen del budismo en Málaga
Lama Ole Nydahl y esposa Hannah

En uno de sus pasos, contactó con el lama danés Ole Nydahl, uno de las figuras más importantes que ayudaron a traer el budismo hasta Occidente.

Tras visitar su centro de meditación, Gómez fue conquistado por el budismo. “En el cristianismo encontré la contemplación, pero no un método que me ayudase a reconocer todas las emociones que siento, la esencia de la mente”, explica. Fue así como Gómez, impulsado por Ole Nydahl, convierte la aldea malagueña en Karma Guen, centro budista que ha supuesto un antes y un después para el budismo en Europa.

Karma Guen, el origen del budismo en Málaga

La expansión del budismo en Málaga desde la Axarquía

A raíz de su inauguración, no solo han surgido otros centros budistas en España, sino que también se han creado construcciones de gran importancia turística y local.

Tras la creación de distintas salas del centro enfocadas en la meditación y la traducción de textos de origen tibetano, Karma Guen inauguró lo que a día de hoy es un punto esencial para quienes visitan ‘la aldea budista’. Fue en 1994 cuando apareció la Estupa de Kalachakra, lugar desde donde el viento emana sentimientos de amor y compasión.

Años después nace la Estupa de la Iluminación, situada en Benalmádena.  Esta fue inaugurada en el año 2003 tras una visita del emblemático ex alcalde del municipio, Enrique Bolín (fallecido en 2018), que por una serie de coincidencias, llegó hasta Karma Guen y pidió una réplica o algo parecido para la que por siempre, será su ciudad.

Según Gómez, “cuando Karma Guen se inauguró, no existía ningún centro budista en Málaga”. Ahora, las zona del centro de la capital, Marbella, Benalmádena y Torre del Mar, acogen uno por municipio, difundiendo las técnicas de meditación que, según budistas, ayudan a liberarse del sufrimiento. 

Y fue con esa serie de circunstancias con las que Málaga se convirtió en un punto clave para el budismo en España, llegando incluso a tener estupas de carácter único en Europa, y sumando un reclamo turístico más a la provincia. 

Pero, ¿es Málaga una ciudad budista?

Tras los datos proporcionados por Gómez la respuesta es fácil de entender. Con 10.000 visitantes (y practicantes) anuales en Karma Guen, de los cuales tan solo “unos 50, máximo 100” son malagueños, se puede deducir que Málaga es una provincia para budistas, pero no de budistas.

A pesar de poder vivirlo de cerca, los malagueños no han demostrado demasiado interés por esta tendencia espiritual, mientras el centro es todo un éxito entre extranjeros.

Las instalaciones de Karma Guen cuentan con más de 100 aseos y duchas, y han llegado a alojar hasta a “4.000 personas al mismo tiempo”, en eventos anuales multitudinarios que atraen a miles de fieles “procedentes de todo el mundo”.

Quienes se hospedan de forma temporal para aprender meditación o practicar la técnica, pagan una media de 18 euros diarios, mientras que aquellos que se consideran residentes (huéspedes con estancias de más de tres meses), pagan 10 euros por jornada, lo esencial para cubrir gastos.

Actualmente, además de los visitantes, en Karma Guen viven cinco profesores de Universidad procedentes de Alemania, Polonia, Rusia, República Checa y Hungría. Todos ellos se instalan en el centro de forma temporal cada cierto tiempo, y ejercen altruistamente como traductores de textos escritos en tibetano que trasladan a lenguas más comunes, como el inglés y el español. “El objetivo es llegar a traducir los 84.000 métodos que dio Buda y que aún no están traducidos. Eso es lo que estamos tratando conseguir”, explica Gómez.

Málaga es tradición, pero reserva también un lugar para el budismo. Y es que, cuenta Gómez: “La forma de pensar en Occidente empieza a ser ya muy budista” si atendemos a los principios claves de esta religión. “Pagamos impuestos para que todos tengan algo. Eso es la compasión”.  Empiezan a creer más en el poder de la mente y se retiran cada vez más del concepto de pecado de Dios, del infierno. Tienen ya un conocimiento de lo que es el Karma, intentan reconocer los motivos del sufrimiento y analizan las cosas más que antes”.

Aunque sus habitantes no demuestren un apego hacia el budismo, ‘el saber’ sobre otras costumbres ‘no ocupa lugar’. Es cultura. Y eso es algo de lo que Málaga, jamás se evade.

Sala Gompa, un lugar para meditar en Málaga

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