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La mujer, malagueña, en el mundo del surf
Ana Teresa Fischer
Deporte

La mujer, malagueña, y el surf

El colectivo de surfistas femeninas crece progresivamente, aunque aún detecta un trato distinto con respecto al hombre a la hora de practicar el deporte o competir.

Silvia San Laureano
Silvia San Laureano. Foto: Sarah Lee

Ana Teresa Fischer y Silvia San Laureano tienen mucho en común. Ambas nacieron en Málaga, son un puro ejemplo de emprendimiento, y desprenden, a cada paso, calma y serenidad. Pero sus similitudes van mucho más allá. San Laureano y Fischer han formado parte del colectivo de surfistas malagueño desde que tienen uso de razón, han enfocado y dedicado su vida a este deporte, y han demostrado que disfrutar sobre una tabla es algo que no entiende de género ni limitaciones. Ellas estaban en el agua cuando prácticamente, ninguna otra mujer las rodeaba…

La mujer, malagueña, en el mundo del surf

La diferencia entre el número de hombres y mujeres surfistas siempre ha apuntado a una descompensación considerable. La desproporción ha sido, durante años, aún más apreciable en Málaga, donde la cultura del surf ha tardado en arraigarse.

Al igual que sucede con otros muchos deportes, el surf ha estado asociado durante décadas al género masculino. Pero parece que la situación comienza a cambiar y el número de chicas que ahora reman a todo gas (al menos en las playas de Málaga), va aumentando progresivamente.

Y, ¿a qué se debe el cambio?

Las surfistas coinciden. “Para empezar, antes en Málaga no encontrabas tablas ni para hombres, ni para mujeres. Tenías que llamar a tiendas del norte de España y no sabías ni lo que te iban a enviar”, explica Fischer, que fue junto a Pepa Almoguera, una de las primeras mujeres en surfear en el Mediterráneo, según apunta el escritor Daniel Esparza en el libro ‘Málaga Surf. Historia del Surf y Body Board (1970-2000)’.

La falta de material en la Costa del Sol era aún más alarmante cuando se hablaba de ellas, y no de ellos. “Encontrar un traje de mi talla hace diez años era algo muy complicado”. “Por lo general, las tiendas desconocían el tallaje de los trajes de las chicas. Las tallas de mujer existían, pero las tiendas no las pedían porque no  había chicas en el agua. Para encontrar algo adecuado, tenía que irme a Portugal”, sostiene San Laureano, de 33 años.

La publicidad y la amplia oferta de material: las claves del cambio

Ahora, según cuentan las entrevistadas, las marcas de material de mujer abundan y la publicidad del deporte se ha convertido en algo también atractivo para ellas.

Aún así, las diferencias entre el trato que reciben los hombres y mujeres surfistas son todavía, muy notables.

Aunque buscar un traje para ellas ya no sea misión imposible, el surf, como deporte “sigue estando asociado a hombres, y mantiene la imagen de la mujer algo sexualizada”, explica San Laureano. La surfista percibe: “desde el principio, en temas de surf, los hombres salían en anuncios de acción, ellas tomando el sol. Actualmente eso sigue pasando”.

Y es que si hay algo que ellas no logran entender, es la imagen  de las chicas reclamada por las marcas y patrocinadores. “Aunque se trate de deporte las marcas pagan más a las que modelan que a las que compiten”, apunta San Laureano con cierta incomprensión.

Otras opiniones en el mundo online y los medios de comunicación apoyan de cerca su desconcierto. La ex surfista Rebeca Woods, por ejemplo, anunció públicamente en el medio australiano abc.net, que se sintió presionada a llevar bikini en las competiciones para seguir manteniendo sus ‘sponsors’ y continuar surfeando a nivel profesional.

Misma categoría, distintos premios

Hasta hace apenas un año, la desigualdad entre los reconocimientos de los competidores profesionales de surf de distinto sexo era literalmente, exagerada.

La desproporción (para muchos injustificada), podía llegar a diferencias desorbitadas. En el circuito ‘Rip Curl Pro Bells Beach’ de 2018, según datos oficiales de la  Liga Mundial de Surf (World Surfing League, WSL), el ganador de la categoría masculina recibió un pago de 100,000 dólares, mientras que la triunfadora entre las féminas recibió un pago de 65,000 dólares

Esto es algo que Fischer, de 53 años, vivió con el escaso número de surfistas que arrasaban las olas de su generación. “Los chicos eran premiados con tablas, las chicas con bikinis y camisetas”, explica recordando las competiciones de décadas atrás.

Desde hace apenas un año, la WSL, altamente presionada por el colectivo que lucha por la igualdad, ha decidido empezar a combatir la situación, reto por el que ha cambiado la política para fomentar la equidad entre los premios de las categorías femeninas y masculinas.

Sin embargo, el tema sigue generando polémica.

Por una parte, la diferencia tan evidente en el valor de los premios otorgados, nada aporta a la lucha por la inclusión de la mujer en todos los entornos sociales y sobre todo, en el deporte. Por otro, según qué evento y también según qué época, la descompensación podía entenderse, ya que según algunos puntos de vista, tampoco sería del todo justo dar el mismo premio a un participante que ha competido con decenas de rivales, que a una chica que, por falta de participantes, simplemente ha tenido que vencer una final.

Experiencias (de ellas) en el agua

Fischer comenzó a surfear hace más de 30 años. Por aquel entonces, no recuerda a ninguna compañera con quien compartir su deporte.

A su lado, su hermano y los amigos de este, quienes, según cuenta, la respetaron y animaron en todo momento mientras practicaba lo que siempre ha entendido como su pasión. “Los chicos estaban acostumbrados a verme en el agua”.

Fischer fue campeona de Windsurf en Andalucía durante varios años, por lo que tal y como señala, siempre han asociado su figura “con el mundo del mar”.

Para las chicas, sin embargo, el verla remar olas siempre que la marea lo permitía, no era algo que pasaba desapercibido. “Para mis amigas sí era un poco más raro. Decían que me veían valiente por estar en el agua, pero como reto personal, no les atraía nada”, explica Fischer.

Según cuenta, en ocasiones, sí que ha notado preferencias, pero nunca discriminación. “En el mundo del surf hay ‘localismos’. Esto se traduce a que los locales de un sitio no dejan al resto de surfistas practicar en los mejores puntos. Mi hermano y sus amigos tenían el acceso a estos puntos restringidos. Yo, por ser mujer, lo tenía mucho más fácil. Podía surfear donde quisiera tranquilamente”, sostiene.

Al igual que estas ventajas, como surfista habitual también ha vivido otras experiencias no tan positivas. “Si es verdad que algunos hombres dan por hecho que por ser mujer surfeas mal. A veces te saltan las olas, o te dan la vuelta. Cuando te conocen la cosa cambia, y te respetan muchísimo”. 

A San Laureano, la balanza también le aporta más beneficios. “Las experiencias positivas son muchísimas más, pero las negativas impactan, y te las quedas ahí”, explica.

Aunque se siente totalmente integrada en toda la comunidad surfista, en alguna ocasión, se ha topado con algún comentario arcaico, un tanto fuera de lugar. “Alguna vez me han dicho que me salga del agua, que no es sitio para chicas. Me han llegado a decir que debería estar en casa fregando, planchando o cocinando…”.

Al igual que a Fischer, a San Laureano también le han ‘robado’ alguna ola. Y es que el surf tiene sus reglas, y según la posición y el tiempo de espera, la ola le pertenece a una u otra persona. “Algunos hombres me han saltado olas pensando que con su presión a lo mejor me rindo y la dejo pasar. Antes me pasaba, ya no. Ahora, si él también rema, nos la pegamos los dos”, apunta con un humor.

Ana Teresa Fischer
Ana Teresa Fischer

Sobre Fischer

Ana Teresa Fischer, de padre suizo y madre española, nació y creció en Málaga, comenzando a surfear en plena adolescencia impulsada por su hermano.

El ejercicio físico siempre le llamó la atención, lo que la llevó a ganar numerosos campeonatos de Windsurf (deporte que practicaba desde los 12 años) antes de que el surf se cruzase en su vida.

El surf, dice, le permite conseguir momentos de conexión total con la naturaleza. “Hay un momento en el que remas, coges una ola, y solo puedes estar centrado en ti, en tu cuerpo, en tu tabla y en el agua”. Es una conexión total entre la naturaleza y tú. Creo que es justo ese momento el que te engancha tantísimo”.

De paciencia y carisma incuestionable, Fischer se siente persona de mar, lugar que, según confiesa, no puede pasar ni un solo día sin al menos, apreciar con la mirada.

Tras estudiar Secretariado de Dirección en la Universidad de Navarra, decidió afrontar el mando de la tienda de su madre, ‘Top Surf’, ubicada desde siempre en la provincia de Málaga y, en un principio, enfocada al Windsuf.

Con ella como responsable, ‘Top Surf’ se transformó rápidamente en la primera tienda malagueña con material de surf, siempre acorde a una estética impecable.

Por aquel entonces, Fischer no era solo una de las (muy) pocas surfistas malagueñas, sino que además, era la dueña del primer negocio en toda la provincia de Málaga enfocado en el deporte acuático.

Con los años ‘Top Surf’ alcanzó una merecida expansión por el municipio de Fuengirola y, durante varias décadas, fue la tienda de referencia para los amantes no solo del windsurf y del surf, sino también del skate.

Actualmente Fischer ejerce como profesora de yoga en los espacios más prestigiosos de Málaga. La disciplina, asegura, “está muy relacionada con el surf”.

Hace ya un lustro, fiel a su espíritu emprendedor, montó su último negocio: ‘E-Swiss, yoga and beach’ (www.eswiss.es). Este se centra en la venta de material de yoga y accesorios y complementos de playa, todos ellos fabricados con materiales comprometidos con el medio ambiente.

Silvia San Laureano
Silvia San Laureano

Sobre San Laureano

San Laureano creció en una familia “aventurera, de montaña y de mar, pero no de surfistas”.

Desde niña recuerda tener “un vínculo con el mar muy fuerte”, que recalca no saber describir.

El surf para ella “es una forma de vida” y el océano, su medio.

No ve límites en su deporte. “El surf para mí no entiende de sexo, ni de edad. Seas como seas, las olas siempre tendrán un lugar para ti”, sostiene.

Y su pasión es comprensible. San Laureano promete haber surfeado con ballenas durante su época en Australia, haber visto delfines en su misma ola, haberse codeado con focas, tortugas y mantas… Recuerda infinidad de amaneceres dibujados en un lienzo y destrozados por tormentas salvajes que luego han llegado a su calma. Tras un día de olas, explica, logra conseguir “un sentimiento de plenitud”.

Por esta razón, tras estudiar Ingeniería y Diseño Industrial en la Universidad de Málaga, decidió trasladarse a Australia, ampliando sus conocimientos gracias a la especialización en la física del océano y costas.

A lo largo de su trayectoria profesional, ha ejercido como profesora de surf en varias escuelas alrededor del mundo, ofreciendo clases tanto a adultos como a niños, con y sin diversidad funcional.

Durante años, trabajó en un Ayuntamiento local de Australia, siempre persiguiendo un objetivo: “mantener los recursos naturales para la prosperidad”.

Actualmente trabaja para su propia marca y agencia de viajes de surf, ‘The Ocean Spell’ (www.theoceanspell.com), la cual funciona desde hace años ofreciendo experiencias y viajes a los mejores destinos del mundo del surf.

Por qué surfean las malagueñas

Y al igual que Fischer y San Laureano, otras muchas mujeres se sienten atraídas por un deporte que, aseguran, “engancha desde el primer momento”.

Concretamente en Málaga, el colectivo de mujeres surfistas es aún minoritario, pero poco a poco, se expande no solo en números, sino también en diversidad. Si antes en el agua tan solo era posible ver a una o dos chicas entre una gran multitud de chicos, ahora, en un día en el que las olas acompañen, es posible ver a casi una veintena de mujeres de todas las edades y culturas.

Arancha Soto
Arancha Sotomayor

Entre ellas se encuentra Arancha Sotomayor, de 48 años, que asegura que el surf “es algo complicado pero no imposible”. A este deporte, que lleva practicando unos cuatro años, le debe buenas amistades y experiencias incomparables, por lo que anima a la gente, sea del género que sea, a vivir y experimentar el surf en primera persona.

Esther cadenas
Esther Cadenas. Foto: Sergio Murillo
Julieta Cadenas
Julieta Cadenas. Foto: Sergio Murillo
Daniela Luna
Daniela Luna

Las más pequeñas sí echan de menos más compañía. “Me gustaría que hubiera más niñas de mi edad haciendo surf”, explica Daniela Luna, de 12 años. Junto a ella se encuentra Esther Cadenas, de 13 años, que asegura que el surf es su vida. Y explica a IEVENN: “me doy cuenta de que cuando me meto en el agua solo hay chicos y también me gustaría que hubiera más chicas con nosotras”. Su hermana, Julieta Cadenas, de 8 años, asegura que el surf le encanta y a pesar de su temprana edad, ya define al deporte que le ha conquistado como un auténtico “reto” personal.

Paola Albacete
Paola Albacete

Las adolescentes pisan fuerte y poco entienden de miedos. Es el caso de Paola Albacete que con tan solo 14 años ha conseguido posicionarse como la mejor surfista en el ranking de Andalucía. “Cuando estoy en el agua me siento libre”, explica.

Pía Bru
Pía Bru
María Ruíz
María Ruíz
Alicia Gil
Alicia Gil
Ruth de la Lama
Ruth de la Lama
Joanna Ríos
Joanna Ríos

Entre otros méritos, la malagueña Pía Bru, ha conquistado las portadas de los diarios locales con grandes imágenes rompiendo olas; María Ruíz, apoyada por la marca malagueña de tablas MSK, cuenta que el surf le ha ayudado en su vida personal; Alicia Gil, define el deporte como su vida; Joanna Ríos, lo concibe como “una vía de escape”; Ruth de la Lama, lo ve como “una forma de vida”.

Por su parte María Charters, considera de vital importancia “apoyar a las mujeres y a las niñas surfistas que vienen pisando fuerte”, visión que comparte con Natalie Batt, que dice percibir que cada vez son más chicas en el deporte pero no considera que se las respete igual. “Hay que pelear para que se nos haga más caso”, explica.

A Patricia Truncer, también malagueña, el surf le ayudó a superar sus miedos, y tanto a ella, como a Luna Márquez, les satisface saber que la “familia de chicas surfistas siga creciendo”.

María Charters
María Charters
María Charters
Natalie Batt
Patricia Truncer
Patricia Truncer
Luna Márquez
Luna Márquez

Algunas, como María Cuenca, han cambiado de rumbo por pura devoción. No es cuestión de trabajo ni de dinero, sino de olas. “Desde que empecé a practicar surf, se convirtió en una de las cosas más importantes de mi vida”, explica la surfista que se mudó a Fuerteventura para poder surfear a diario. “El surf es tan importante para mí que ya no concibo vivir en un lugar donde no haya posibilidad de surfear”, declara.

En lo que a testimonios se refiere, todas coinciden: el surf es pasión, salud y diversión. Juntas, tratan de llevar su filosofía al agua, más que adoptar la (a veces impuesta) forma de actuar del gremio masculino. Ellas aseguran ser menos competitivas que ellos. Y al fin y al cabo, tal y como apunta Fischer, la filosofía del surf, más que a competir, tan solo incita a “disfrutar del mar, del entorno y de la gente, siempre y cuando estén en concordancia contigo”.

Es precisamente para lograr esa concordancia por la que la comunidad de surfistas malagueñas se revela y alza su voz. Entre todas ya forman una gran marea…

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