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LEGO introduce el plástico en el ‘hábitat de las nutrias’ en cautividad, en Sea Life de Benalmádena
Ecología

Lego introduce el plástico en el ‘hábitat de las nutrias’ en cautividad, en Sea Life de Benalmádena

A principios de 2019, el centro marino anunció su compromiso con reducir el consumo de este material que tanto daña a los océanos.

Un parque acuático construido con más de 4.000 piezas del legendario juguete Lego cuyo material principal es el plástico. Esto es lo que a visión del acuario Sea Life de Benalmádena (Málaga), debe ser lo más parecido al cielo para una manada de nutrias asiáticas criadas, crecidas o nacidas en cautividad, que a deducir tras la lectura de la información que ofrece el centro, disfrutan de una vida paradisiaca ‘en su hábitat’, que ‘nada lejos queda de lo que vendría a ser su entorno natural’.

Un auténtico parque acuático que gracias a sus toboganes, puentes y escondites de plástico conseguirán sustituir seguramente las carencias que ‘debe presentar’ la inmensidad de los manglares y zonas húmedas del sur de Asia, lugar donde este tipo de nutrias nacen y habitan siguiendo a las mismísimas leyes de la Naturaleza.

Así, tal y como Sea Life describe en sus notas informativas “estos simpáticos animales” podrán “lanzarse a nuevas aventuras, vivirán momentos diferentes y deleitarán a los visitantes con momentos inolvidables”. Y es precisamente esta última parte, la que seguro no carece de credibilidad. Una vez más, los animales son utilizados para lo que hoy es considerado la diversión humana. Es difícil llegar a otro tipo de conclusión teniendo en cuenta las contradicciones entre “los dichos y los hechos” de Sea Life.

LEGO introduce el plástico en el ‘hábitat de las nutrias’ en cautividad, en Sea Life de Benalmádena

Dichos y hechos

A principios de año, los responsables de Sea Life Benalmádena anunciaban a la prensa local su compromiso e interés por “reducir el plástico en los océanos” así como por “eliminar el uso de las pajitas de plástico en todas las instalaciones” del centro marino. Sin embargo, cualquier persona que haya testado una solo juguete Lego, demás sabe de lo que se componen absolutamente todas las piezas de la marca: plástico.

Además, el parque acuático para nutrias dejará de establecerse como reclamo turístico a finales de septiembre, por lo que, en caso de que esas piezas se hayan diseñado en exclusividad para el parque acuático, supondrán 4.000 trozos más de inútil material contaminante.

Del mismo modo, Sea Life se define como una empresa “defensora en activo” que fomenta la conservación y “bienestar de los animales”.

Al igual que la introducción de nada menos que 4.000 piezas de plástico en un entorno simulado que pretende acercarse al paradisiaco hábitat natural de las nutrias puede resultar contradictorio con una lucha firme para frenar y reducir el uso del material en cosas innecesarias, también puede malinterpretarse el hecho de combinar conceptos como bienestar animal y cautividad.

Cautividad como método de recuperación de especies

Aunque es cierto que Sea Life presume de contribuir con la protección de algunas especies marinas protegidas, para algunos puede carecer de sentido el hecho de pedir donaciones para evitar capturas de tiburones de forma ilegal y a su vez, nutrirse de un público que paga por ver ejemplares en cautividad. Una vez más, la sociedad se enfrenta ante una inquietante confusión. ¿Es la cautividad la mejor forma de paliar contra la extinción de las especies en peligro de desaparición?

Los tiburones, al igual que el resto de animales que habitan en Sea Life son especies salvajes cuyo bienestar lejos queda de la cautividad. Mucho más distante aun si esta implica a numerosos grupos de escolares aporreando cristales, jaulas con proporciones minúsculas en comparación con la infinidad del océano, o los constantes controles sanitarios a los que estos animales están expuestos.

Además, los menores, público objetivo de estos centros que a pesar de sus aportaciones a algunos movimientos de protección de la naturaleza no dejan de ser centros de ocio, crecen asociando la diversión y la normalidad a la cautividad.

Educación condicionada

Animales como el pulpo común, el pez payaso o las míticas rayas no son especies que actualmente se encuentre en peligro de extinción, por lo que su encierro es totalmente innecesario. Sin embargo, este tipo de especies también se ven obligados a sufrir una vida entre paredes, en espacios cerrados que tanto distan de la libertad que como animales salvajes, les tocaría vivir por naturaleza.

Así, los niños, encaminados por los adultos y tutores, crecen pensando que ver a un pez encerrado en una pecera o una tortuga en una piscina, son situaciones normales, por las que no hay que preocuparse y por las que además, es justo pagar, ya que permiten gozar (al ser humano) de una actividad de ocio y entretenimiento.

Del mismo modo actúan los zoológicos españoles que, a pesar de proclamarse como centros de protección de especies, mantienen durante años a animales salvajes como leones, tigres y hasta gorilas, en instalaciones que no superan el tamaño de un par de casas unidas.

A pesar de los “esfuerzos” de su personal por crear un entorno similar a su lugar de origen, estos animales normalmente sufren importantes niveles de estrés y no pueden desenvolverse con libertad. Se ven limitados en sus fases de apareamientos por falta de comunicación y compañía de otros animales de su misma especie, son obligados a comer a determinadas horas acabando contra su instinto y tienen que soportar el bullicio y griterío de grandes cantidades de turistas que les inundan con flashes sus miradas despiadadas que, atendiendo a la lógica, han caído en un estado de desconfianza infinito.

Sin embargo, a pesar de transmitir este tipo de valores o “antivalores”, son pocas las escuelas e incluso universidades que no proponen las visitas a estos centros como lugar de alto aprendizaje. Sin ir más allá, hace poco más de 4 años la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Málaga, casi imponía a los alumnos de una determinada asignatura a acudir a uno de estos centros, para lograr adquirir conocimientos sobre las proporciones en los dibujos, técnica que según los alumnos se aprendían mediante el esbozo de las siluetas de los animales, algo ‘muy lógico’ para profesionales que se dedicarán de por vida, a plasmar edificios de los cuales las calles están repletas y para los cuales no se exige una entrada a precio de oro puesto, que no se conforman como estructuras de negocio. Pero el negocio hay que mantenerlo. Y las visitas programadas de escolares en edad de enseñanza obligatoria pueden asegurar un número de entradas cuyo valor económico es necesario y capaz de mantener las turísticas instalaciones.

Pero los hay peores. No solo los zoológicos y centros que proclaman la “conservación de especies” como Sea Life dejan mucho que desear en cuanto a compromiso y respeto al medio ambiente. En España, aún existen lugares (y muy visitados, por cierto) donde especies salvajes como defines, pingüinos o leones marinos, viven en condiciones capaces de revolucionar al más mínimo defensor de cualquier especie animal. Centros como Selwo Marina, casualmente también ubicado en el municipio de Benalmádena, se nutren de actuaciones constantes de estas especies, las cuales viven en piscinas no muy profundas sobre las que recaen los 40 grados de temperatura que asfixian a la provincia de Málaga en los meses más calurosos.

En espacios de ocio como Selwo Marina, un tipo de loro parlanchín es capaz de introducir una moneda en una hucha, dejando en evidencia la falta de inteligencia de una gran parte de la población, que aplaude y ríe a semejante estupidez. Del mismo modo, los delfines son expuestos a actuaciones en las que son obligados a saltar a través de aros e incluso “besar” a “sus cuidadores”, quienes premian sus acciones con pequeñas raciones de pescado.

Espectáculos de este estilo. Al igual que los vistosos parques acuáticos hechos con piezas Lego, no son más que atracciones que sirven para llamar la atención de un público que hace posible el pago de extensas facturas.

Por mucho maquillaje o envoltura con la que pueda adornarse la situación, estos reclamos turísticos no plantean una solución eficaz contra la manipulación de especies, no evitan el tráfico de animales y no acaban con los materiales contaminantes que dañan sus entornos.

Centros alternativos para la reinserción de especies

Los verdaderos centros de rehabilitación, como puede ser en Málaga el Aula del Mar, se preocupan por acoger en sus instalaciones a animales heridos, encontrados en el mar en una situación de la que no podrían escapar sin ayuda del ser humano. Estos animales, los cuales también pueden ser visitados por grupos escolares, son tratados hasta su total recuperación y posteriormente, devueltos a su hábitat natural. De esta forma, los niños consiguen asociar que ante una situación de peligro o ‘inferioridad’ de otro ser, lo correcto es ayudar a proseguir el camino natural, lo que a visión de muchos podría interpretarse como un gran valor acorde a la ética y la moralidad.

Del mismo modo, en los últimos años se han creado movimientos de defensa como la propuesta internacional Zoo Siglo XXI cuya lucha gira en torno a la reconversión de los parques zoológicos para adaptarlos a la ciencia y la ética actual, cambiando las jaulas limitantes por centros reales de recuperación.

Estos centros, no tan atractivos para el turismo local o extranjero, son lo que desde el punto de vista de los defensores reales de la naturaleza, deberían sustituir a acuarios, zoos y otros espacios donde la libertad de los animales pasa a un segundo plano, para dejar paso al egoísmo y egocentrismo del “animal inteligente”.

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