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Ser un base y otras etiquetas - Baloncesto
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Ser un base y otras etiquetas – Baloncesto

En muchos países de Suramérica al base se le denomina piloto. La primera vez que lo escuché pensé aquello de que siempre es bueno tener alguien a los mandos, pero esta figura de quien pilota o dirige al equipo se ha quedado un poco antigua en cuanto a etiquetado. Nos encantan las etiquetas. Imagino que ayudan a resumir conceptos y, al simplificar en generalizaciones, favorecen a quienes les cuesta más diferenciar entre matices.

Ser un base y otras etiquetas

En la Liga Profesional Portuguesa de baloncesto tuve la fortuna de coincidir con un base que no encajaba con el etiquetado tradicional. João Figueiredo, hoy joven entrenador, era un base rápido, muy anotador y excelente jugador de bloqueos directos, lo que parecía una faceta reservada a los bases estadounidenses. Para muchos, los puntos que llegaban de la mano del base significaban una rémora en la dirección de equipo. Nada más lejos de la realidad, en mi opinión. Eso formaba parte, quizás, de antiguos prejuicios de un baloncesto que ya había pasado a la historia.

Hoy en día, sin capacidad para anotar tienes difícil entrar al campo. Pero también hacen falta jugadores que manejen, que creen ventajas para otros y que ayuden en la organización del juego. Tan necesaria es esta figura, que muchos equipos optan por utilizar dos jugadores en esta posición, ganando en creatividad y a veces, tal vez, perdiendo en organización. Pero es que el juego se ha vuelto endiabladamente rápido e intenso, y el perfil de los bases ha ido mudando con ello. Los mejores del mundo en este puesto son capaces de hacerlo todo: dirigen cual generales, y anotan; controlan o enloquecen el juego según convenga. No son muchos los que alcanzan este nivel. Todos los demás, enormes jugadores también, tienden a brillar en algunas de las múltiples y exigentes asignaturas sobre las que examinamos a los bases, porque es muy complicado hacerlo en todas.

Hablaba al principio de etiquetas porque me gustaría defender la idea de que en los matices está precisamente la riqueza de nuestro juego. Y para eso no hay nada peor que recurrir al etiquetado, que conduce exactamente a lo contrario. Llamamos “combo” al jugador capaz de alternar dos posiciones – combo guard, en 1 y 2; combo forward, si lo hace en 3 y 4 – pero un base no es un combo porque anote, igual que dar asistencias no te convierte en base. Quiero decir que cuando analizamos a un jugador, debemos hacerlo atendiendo a los matices de su juego y de sus capacidades, porque esos detalles son los que justifican que el equipo lo haya elegido.

Si tomamos como ejemplo a Unicaja Baloncesto, las etiquetas podrían colocar a Alberto Díaz como un base organizador – porque se le considera poco anotador -, a Josh Adams como un combo – por el motivo contrario – y a Jaime Fernández – según anote o asista – será una cosa o la otra. Sin embargo, y aunque cada uno de ellos se sienta más cómodo en un determinado estilo, con seguridad todos intentan mejorar en esos detalles que dominen menos, ambicionando convertirse en ese jugador completo al que hacía referencia.

A mí me gusta más referirme a ese tipo de jugadores tomándome tiempo para explicar sus detalles. Así, la inteligencia colectiva de Alberto le ayuda a organizar bien, mientras mejora cada día su tiro y sus decisiones en el p&r que completen su juego. Adams, con gran talento anotador, deberá hacer lo propio en las tareas organizativas, para evolucionar en su posición. Pero ambos son bases, diferentes, pero bases.

Manuel Povea

Foto Alberto Díaz – Unicaja CB – ACB – Mariano Pozo

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