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Unicaja con tareas pendientes
Baloncesto

Unicaja con tareas pendientes

El deporte profesional se mide, inflexiblemente, por victorias y derrotas. Unas elevan el ánimo y las otras entierran el optimismo, pero entre ambas se dan tantas opiniones como aficionados, y también algunas realidades técnicas. Que este Unicaja llegaba tarde a la competición no es noticia. La pretemporada así lo ha ido anunciando, y la primera derrota en Liga Endesa,  ayer frente al Baxi Manresa por 79 a 69, nos deja una sensación de que queda aún mucho por hacer.

Unicaja con tareas pendientes

En esto de la competición hay siempre dos datos sobre los que preocuparse: el resultado – obvio – y la calidad del juego desplegado. Normalmente lo segundo determina lo primero, pero no siempre. Por ejemplo, ayer el juego de Unicaja distó mucho del potencial que se le supone, sin embargo con algo más de acierto en los tiros liberados y alguna pérdida menos, igual el resultado hubiera sido otro. Una victoria habría supuesto empezar a sumar, claro está, pero probablemente no habría modificado un ápice la preocupación de Luis Casimiro por el juego del equipo. Se intenta siempre conseguir jugar lo mejor que se sepa; explotar todo su potencial, y luego que la competición ponga a cada uno en su lugar.

Cuando hay tantas piezas nuevas para encajar, lo que más cuesta – al menos desde mi experiencia – es encontrar una línea de pensamiento común: que todos entiendan lo que se pretende. Cuáles son las prioridades, esas que harán reconocible al equipo. Y por mucho que se hable de ello, lleva su tiempo. Durante ese tiempo, es habitual que cada jugador, en su intento de colaborar y de hacerse su hueco, tome por momentos decisiones muy individuales y menos colectivas. Y en esa especie de catarsis, se suele sentir a veces perdido, y no aporta, y otras sólo ante el peligro; se olvida de todo e intenta ser él mismo. Quizás los buenos momentos de Adams en el último cuarto reflejen esto que cuento.

Ajustarse a nuevas ideas, una vez iniciada la competición, lleva en ocasiones al jugador a centrarse más en sí mismo que en el trabajo que se requiere. Y eso suele reflejarse en errores, ya sea por acción o por omisión. El jugador quiere ayudar con lo que sabe; el entrenador quiere que lo haga dentro de una idea colectiva que intenta construir. Desde fuera puede parecer una suerte de Torre de Babel, en la que no hay manera de encontrar un idioma baloncestístico común. Ese entendimiento llegará, no tengo dudas; la cuestión es cuándo, y que ese cuándo sea más pronto que tarde.

Lo que más desespera y preocupa a un entrenador es no ver margen de mejora. Esto ayer no pasó. Demasiados errores no forzados, demasiadas pérdidas por no tener interiorizados ciertos hábitos, demasiados fallos en tiros sencillos – quizás motivados por saberse mejores de lo que estaban mostrando -. Demasiadas ventajas contra quien sea.

Es cierto que en general, los equipos que se sienten con menos potencial tienden a intentar conseguir el mayor número de victorias lo antes posible, mientras que aquellos con altas miras, tienden a tomárselo con algo más de calma. No sé si esto se relaciona con lo que ocurrió ayer, pero lo que se evidenció anoche es que Unicaja necesita ir resolviendo algunas tareas pendientes.

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